Tamara de Lempicka

miércoles, julio 11, 2007

Mon petit garçon


Ella era azafata de British airwais. Él ejecutivo de una multinacional. Se conocieron en el avión Madrid-Miami en pleno mes de julio.

Esa noche, en el hotel Ritz, fue para ella la mejor de su vida. A la mañana siguiente despertó sola, en la habitación, desnuda, con una resaca de espanto y la habitación llena de cascos de botella de Möet Chandon. Se puso la camisa que él había dejado olvidada, la corbata negra que aún estaba en el bolsillo y salió a la terraza del hotel tapándose la cara con una enormes gafas de sol negras.

Daban las 10 de la mañana y el calor era sofocante. A esa hora ya estaría despedida. A las 7 salía su vuelo de vuelta.

Sabía que no iba a olvidar esa noche en toda su vida y quería gritarlo a los cuatro vientos desde lo alto de su balcón. Le sobraba la corbata, también sobraba la camisa incluso la ropa interior.

Una vez recuperada, aún en el balcón, se dio cuenta que no le volvería a ver.

8 comentarios:

Lunarroja dijo...

Así somos... capaces de perderlo todo a cambio de nada.

... ¿o eso era antes?

Paços de Audiência dijo...

Locuras. A veces cometemos locuras. Y es que si el futuro no existe, ¿para qué pensar en él?.

El detective amaestrado dijo...

Pero las locuras con Möet son locuras mas burbujeantes...

Capitán Alatriste dijo...

Creo que es bueno dejarse llevar por el instinto, dejarse arrastrar por los impulsos. Que es bueno vivir pensando que no hay mañana, haciendo del carpe diem leitmotiv. Y no siempre lo he creído así pero ahora sí. Ahora trato de llevar mi vida a esa orilla.

Adúlter dijo...

¿dejaría por eso de ser la mejor noches de su vida? ;)

Para, creo que voy a vomitar dijo...

Yo creo que se dio cuenta antes...

Kim Basinguer dijo...

Tardó más de la cuenta, en darse cuenta....pero si la noche mereció tanto la pena, no me extraña que estuviese todavia en las nuebes.

Zebedeo dijo...

Siempre me gustaron tus relatos y como los escribes, los echaba de menos.