Un día me preguntaron que es lo que salvaría si se incendiara mi casa. Me puse a pensar y no llegué a una conclusión clara: la agenda (hoy no pensaría en ella), una foto que me regalo una amiga y preside

Hoy no sé que salvaría, que objeto me negaría a perder.
Me parece que no creo en los objetos, aunque mi cuarto sea un pequeño museo de los recuerdos. Perder personas me preocupa más. Cuando pensaba en salvar la agenda era por el hecho de no perder a las personas que ella contiene pero la conclusión es que si esas personas no me quieren perder , se pondrían en contacto conmigo.
Pero hay más otras formas de perder a las gente y yo no concibo mi vida si algunas, algunas que aunque estén a kilómetros de distancia, siguen conmigo y puedo notar el roce de su piel solo si piensan en mí. Se que están: quien intercambia mis peluches, a la abeja reina, los obreros que nos rodean, quien provoca las risas de mi alma, quien me sostiene con una mano, quien se agarra a mi tobillo...
Se puede perder y encontrar, como yo he reencontrado a veces, o perder para siempre, como pasa en ocasiones y los que siguen a tu alrededor te ayudan a mantenerte de pie.
Se pueden perder las ganas, kilos, el pelo... pero creo que yo no sería yo misma si perdiera la pasión(por ponerle nombre: es una calor, una pulsión, un hervir que nace en la boca de mi estomago, desde las entrañas).
No soy excesivamente impulsiva(de hecho me acusan de racional en mis “relaciones sociales”), solo me dejo llevar por es pasión en lo que guía mi vida y momentos de mis relaciones personales.
Son dos pasiones_ una localizada en mi cabeza, y la otra en mi estómago, que bombean mi sangre y hacen que lata mi corazón.
Por eso me alegro de haber encontrado lo que me guía, después de mucho buscar y ahora lo agarraré (sin ahogar) para que no vuelva a perderse. Aunque aprendí de pulgarcito a ir marcado mi camino(pero no con migas de pan) para poder volver a casa si es necesario.
¿Tu que no quieres perder?