La verdad es que esta carta debí haberla dicho y no escrito hace mucho tiempo.
Cuando era pequeña siempre me gustó cenicienta, la magia, los ratones que hablaban, la madrastra, pero sobre todo me gustaba el hada madrina.
Era una mujer amable, afable, con una pícara sonrisa y que daba consejos y ordenaba cosas que nunca la protagonista del cuento se negaba a desobedecer.
Nosotros, en la vida sin cuentos, los que hemos sido bautizados por la Iglesia católica contamos también con madrina y padrino, aunque no tengan varita mágica ni nos regalen zapatos de cristal.

-Tita madrina, porque mi papá no me deja verte?
Porque , por razones que aun a dia de hoy superan mi conocimiento, problemas entre ella y mi padre hicieron que mis visitas fueran furtivas, solo cuando iba a casa de mi abuela y nunca con él cerca.
Nunca lo entendí, a dia de hoy tampoco lo entiendo.
Esta mañana me han despertado con la noticia de que despues de una extraña enfermedad se habia cansado de luchar.
Nunca fue una mujer fuerte, pero era mi hada, la que me regalaba deseos por mi cumpleaños y cuentos llenos de magia.
El abrazo de su hija, hoy , me ha roto del todo.
Ella creía que despues de todo esto había algo más. Ojala sea asi y ahora lo pueda disfrutrar.